viernes, 12 de mayo de 2017

Crimea

El Kanato de Crimea cobró mala fama por las incursiones que hacía en las tierras de Rusia, Polonia, Letonia y Ucrania, donde capturaban a decenas de miles de personas para esclavizarlas y venderlas al Imperio otomano y en Oriente Medio. Cuando los zares de Moscú acumularon poder suficiente para proteger sus fronteras en el sur, pusieron fin a esa práctica con la ayuda de los cosacos de Zaporozhie, los prototipos de los actuales ucranianos. 

Después de una serie de victorias militares de Rusia sobre Turquía, se firmó un acuerdo en 1774, según el cual el Kanato de Crimea se convertía en aliado ruso. Poco después la zarina Catalina II anexó las tierras al Imperio ruso, conservando para la nobleza local todos sus privilegios. 

En 1853-1856 Crimea, que se denominaba en aquel entonces la gobernación de Táurida, volvió a ser escenario de guerra entre Rusia y el Imperio otomano, esta vez apoyado por Francia e Inglaterra. Durante este conflicto, conocido como la Guerra de Crimea, la ciudad de Sebastopol fue asediada durante 11 meses. Aunque el Imperio ruso perdió la guerra, tanto la heroica ciudad, como el territorio peninsular permanecieron bajo el control ruso. La propia resistencia de Sebastopol llegó a ser un evento icónico de la historia rusa, asociado con el coraje de sus militares. 

Durante la II Guerra Mundial la resistencia de Sebastopol contra la Alemania nazi le valió el título oficial de Ciudad Heroica. En vísperas de la llegada del siglo XX los rusos y los tártaros de Crimea eran las etnias principales de la zona en igualdad demográfica. Crimea se convirtió en el balneario de los zares y la inspiración de muchos poetas y artistas rusos. 

 
La situación cambió drásticamente dos décadas después, con la guerra civil rusa y la hambruna de 1921-1923, donde mayoritariamente sufrió la población tártara. Durante la II Guerra Mundial una parte de los tártaros colaboraron con los nazis. Debido a ello, después de la guerra Stalin ordenó la expulsión de todo el grupo étnico a otras repúblicas. Los tártaros no pudieron volver a su natal hasta finales de los años 1980. La deportación volvió a los tártaros contra el régimen soviético. Sin embargo, de esa época muchos ciudadanos soviéticos guardaron con nostalgia un recuerdo de su balneario favorito. Los referendos y las esperanzas En 1991 en un referendo realizado entre la población de Crimea el 93,25% de los votantes se declararon a favor de formar la República Autónoma de Crimea dentro de la URSS. El 1991 fue un año de grandes cambios para el país y pronto se realizó otro referendo sobre la independencia de Rusia, que apoyó el 54%. Se prohibieron más consultas independentistas, algo que muchos vieron como un violación de sus derechos por parte de Kiev. 

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